Rock 101 - La Estación que revolucionó la radio


Quienes andamos entre los 30 y los 40 años de edad recordamos con gusto aquellas tardes en las cuales hacíamos la tarea o platicábamos con los amigos teniendo como fondo la música que radiaba Rock 101, un concepto musical que era mucho más que música, y que fue el modelo a seguir para estaciones como Espacio 59, Radioactivo o incluso Órbita (Reaktor).

Luis Gerardo Salas, quien fuera Director de dicha estación del Núcleo Radio Mil, México, lanzó la bola de nieve que a la fecha aún tiene efecto en estaciones como Reaktor 105; y es que para comprender la Radio en México debemos partir desde la perspectiva de una época muy oscura y cerrada en los años ochenta, cuando el PRI estaba en pleno descaro y decadencia. La juventud buscaba desahogo y las opciones eran muy cerradas, no existía Internet, y la música que podías escuchar era la de Radio Éxitos, ya sabes, la música plástica de Televisa y sus estrellas y por otro lado tenías a Radio Capital y Universal FM, 6.20, wow y que decir de La Pantera (590). Sin embargo dichas estaciones se limitaban a lo más comercial, los éxitos radiofónicos, Luis Gerardo Salas trajo música nueva, no tan comercial y sin embargo demaciado fresca y no hay que olvidar que la primera estación en proyectar a grupos de Rock españoles fue precisamente Rock 101.

Les voy a compartir un texto de Jordi Soler, quien fuera de los pioneros de Rock 101, junto a Salas, y quien en ese entonces tenía programas como Argonáutica.

En el siguiente texto, del 12 de abril del 2004, Jordi Soler habla acerca de Radioactivo y Rock 101:

Finalmente Radioactivo ha desaparecido, cosa que ya se esperaba desde que José Alvarez, el director de radio más competente que hay en México, dejó el proyecto luego de que los hermanos Fernández, la familia con quien José trabajaba y se entendía, vendiera la frecuencia a otra familia.
No me entregaré aquí a la obviedad de defender el proyecto de Radioactivo ni de condenar, como si esto de algo sirviera, su desaparición; y no lo haré porque hace tiempo fui parte, muy modesta, de él y porque ahí había personas a las que estimo mucho y también porque ni me gustaba ni sería capaz de suscribir todo lo que ahí se producía y se decía al aire.
Por todo esto me sentiría incómodo haciendo un balance de aquel proyecto; pero, por otra parte, y éste sería el sentido de estas líneas, creo que la desaparición de Radioactivo, a la luz de la descomposición política que atormenta a nuestro país, es un asunto grave y un síntoma que deberíamos atender.
Hace 20 años, un joven de la Ciudad de México que quisiera oír rock por radio (y por rock quiero decir esa música contemporánea que tiene un músico detrás y letras generalmente interesantes, es decir, música de autor y no un producto diseñado según los fundamentos del marketing) tenía muy pocas opciones: El club de los Beatles o el de Queen, Kiss y John Lennon, en Radio Exitos; el Rock a la rolling y el club de Creedence Clearwater Revival en Radio Capital; o, en frecuencia modulada que se oía mucho mejor, los éxitos que ya desde entonces con cierto aire gagá programaba Universal Stereo.
Las opciones eran pocas no porque no hubiera quorum suficiente, no porque no existiera un público masivo que quería oír rock en la radio, sino porque desde entonces todas las frecuencias de radio pertenecían a unas cuantas familias que habían sido favorecidas por el presidente en turno y estas familias, con el ánimo de no causarle un disgusto a ninguno de los presidentes sucesivos, un disgusto que pudiera hacerlos perder su concesión, transmitían programas perfectamente acotados por las normas del "respeto", la "decencia" y desde luego la "lealtad" al Gobierno que se las había dado, donde no podía hablarse ni de sexo, ni contra la Virgen de Guadalupe, ni contra el Ejército, ni contra el Presidente ni contra ninguno de sus colaboradores que tuviera algo de poder; todo esto, repito, con la intención de conservar eso que el Gobierno, si se enfadaba, podía quitarles de un plumazo.
La radio en México se forjó tratando de agradar al poder, evitando cualquier tipo de confrontación con éste y, en la enorme mayoría de los casos, acatando los lineamientos políticos que desde el poder se les indicaban.
En aquel asfixiante microcosmos no tenían lugar las manifestaciones con cierto margen de riesgo, entre estas el rock, el género musical que oyen los jóvenes que se interesan por la música con cierta calidad, con cierta inteligencia detrás, con ciertos elementos que los conduzcan a la reflexión, a ejercitar la maquinaria del pensamiento; y, todo esto, que en el mejor de los casos conduce a la emancipación, era considerado un peligro por los radiodifusores de entonces. ¿O van a decirme que a la sombra de Yuri y Lucerito se puede crecer igual que a la de Bob Dylan y Radiohead?
A partir de 1984, con la aparición de Rock 101, gobernantes y radiodifusores comenzaron a darse cuenta de que el rock, aunque era un semillero de elementos "peligrosos", también era un negocio formidable y entonces comenzaron a reproducirse las estaciones de rock (o no tanto) dirigidas por jóvenes y los conciertos masivos.
La radio mexicana, como puede verse en este caso específico, no se ha distinguido a lo largo de su historia ni por su espíritu experimental, ni por su tolerancia ante cualquier manifestación que entrañe el mínimo riesgo. Si algo la ha distinguido desde su origen es su sumisión al poder: ¿a qué poder?, ésta era una pregunta de respuesta obvia hace años, pero no ahora, en estos tiempos de democracia, cuando la Secretaría de Gobernación, antes feroz censora, ha aflojado su control y el río político revuelto no permite vislumbrar muy bien en dónde está el poder, cosa que a fin de cuentas no sería tan crucial como el asunto de que la radio en México esté supeditada siempre a algo que no sea el hacer radio, el construir un proyecto que informe, que cultive y que haga mejores personas, en suma: que no estaría mal que los radiodifusores, además de hacer dinero, le devolvieran algo al país que les ha concedido el privilegio de explotar esa zona del aire que, en rigor, es de todos.
Por desgracia, la radio en México no cambiará mientras siga perteneciendo toda a unas cuantas familias, mientras para levantar un proyecto de radio se necesiten relaciones y dinero sin importar ni la capacidad ni el talento que se tenga y mientras las concesiones sigan regenteándose como si fueran una tienda de abarrotes o una zapatería dedicada a producir exclusivamente dividendos.
Hay cosas que saltan a la vista y, desde luego, al oído. Radioactivo, igual que en su momento otras estaciones de este género, era un buen negocio, dejaba buen dinero; pero también era un proyecto con cierto margen de riesgo que no cualquier empresario de radio está dispuesto a asumir, como sí lo estaban los hermanos Fernández, los antiguos dueños de la frecuencia.
Por otra parte, aunque Radioactivo era buen negocio no lo era tanto como será una estación de radio hablada con noticiarios, por dos razones básicas, burdas si me lo permiten: porque los anunciantes prefieren comprar espacios en este tipo de estaciones y porque un noticiario, sobre todo en tiempos preelectorales, es un instrumento para integrarse al rejuego político.
Hay una curiosa simetría entre la época pre-Rock 101 y esta época post-Radioactivo: los empresarios de radio, siempre preocupados por conservar su negocio y por multiplicar sus fortunas y sus relaciones con el poder, han dejado nuevamente desamparados a los jóvenes, que son legión, que se interesan por el rock. ¿Y alguno de estos empresarios habrá pensado en la importancia del voto joven en un país como el nuestro?,¿qué no vieron lo que hizo MTV con Clinton y con Tony Blair?
En fin, más que dar ideas pretendo evidenciar la ausencia de éstas. Una cosa es cierta: la radio mexicana está llena de noticiarios y de programas hablados, cuando los comunicadores que tienen algo interesante qué decir pueden contarse con los dedos de una mano.
Bueno, a este paso regresaremos a las tinieblas radiofónicas y el que quiera oír rock en este siglo 21 podrá sintonizar Universal Stereo, que hace 20 años ya era una propuesta gagá, y reflexionar y filosofar y conspirar y emanciparse con los Carpenters o los Monkeys de fondo.
Rock 101 también contó con programas de sátira y comedia como Las increíbles fábulas de la ciudad del crimen, otras con tinte más literario como Argonáutica o Los Cuernos de la Luna con Iñaqui Manero.

Entender lo que fue Rock 101 es darle importancia a la música como una forma de darle un telón de fondo a nuestra vida, escuchar "Han caído los dos" con Radio Futura y escuchar la voz de Luis Gerardo anunciando la idea musical y remontarce a la secundaria, escuchar los domingos de música retro de los 70´s y los 60´s, es volver a vivir y disfrutar además de música de calidad. De Rock 101 recordamos temas radiados como a los Thompson Twins, a The Proclamers, The Pretenders, The Cure, Talk Talk, Pshycodellyc Furs, Morrissey, Peter Murphy y tantos más que ahora a traves de la tecnología podemos disfrutar a traves de las estaciones virtuales, como en Songza, donde un servidor ha creado un tributo a Rock 101, a traves del siguiente enlace:

Tributo a Rock 101, con puro, total y absoluto, Rock'nRoll, Disfruten!

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