El Fútbol no tiene la culpa

Cuando alguien me pregunta a que equipo de fútbol le voy, generalmente respondo "siento simpatía por ..."; en realidad no hay una convicción ni un apasionamiento al respecto, en mi familia ha habido entrenadores de fútbol, y simpatizantes acérrimos de determinados equipos, y eso no ha mermado la capacidad de desarrollo de nadie, y tampoco lo contrario; considero, y es una opinión muy personal, que el fútbol es tan necesario como las festividades históricas, son motivos de celebración y solidaridad colectiva que alcanzaría legitimidad si hubiera un contrapeso que lo nivelara.

El problema con el fútbol, no es el fútbol en sí, no es sólo la especulación que genera, el problema no es la tan criticada exaltación de la ignorancia con la que sobradamente se ha expuesto a sus participantes directos, sino el monopolio que promueve, la comercialización de la pasión humana, el monopolio de la atención y la preferencia inducida que genera.   Si ha habido quienes se matan por discusiones relacionadas con el fútbol, ¿porque no ser más pro activo y ofrecer la vida por una causa más digna que exaltar las cualidades de tu equipo preferido?, este último comentario esta de más y es excesivo, pero busca la reflexión más que la incitación. 

El monopolio de la atención es tan notorio que despierta a la sospecha y a la especulación, los jugadores generalmente ganan cantidades desproporcionales de dinero que no coinciden ni con su desempeño en la cancha ni con la realidad social de su contexto histórico. ¿Entonces por qué ganan tanto dinero?, tendrá que ver que su papel a desempeñar no está en las canchas sino en la capacidad de distracción acrítica que genera; esa ilusión de esperanza que es sólo comparable al anhelo de ser buenos en algo, aunque ese algo no ofrezca ninguna otra recompensa que el creer que ese gol es tan nuestro como del jugador que recibirá una exorbitante recompensa económica, la diferencia será que al acabar el partido todo vuelve a la normalidad, "vuelve el rico a su riqueza, vuelve el pobre a su pobreza", como cantará Serrat en su canción La Fiesta, el problema no es ese, al final, el único inocente fue el embaucado espectador, que después de haber recibido su deslumbrante bolsa de espejitos relucientes, se marcha a casa a su cotidianidad, pero por atrás están los poderes facticos que de manera desvergonzada capitaliza la honesta distracción de las masas bajo una falsa bandera nacionalista, para, entonces, saciar su obscena ambición, y de paso, colgárselas las medallas al pecho, una medalla que no le costó, sin embargo le retribuyó.

Sería tan grato que a la par de las festividades deportivas como El Mundial de Fútbol, hubiera una contraparte que complementara el dicho de "mente sana en cuerpo sano", que no sólo se ofreciera la falsa idea de que apoyas el deporte viendo el fútbol, sino que a la par se promovieran actividades deportivas y culturales en las comunidades, que se premie el ingenio y la creatividad artística tanto como se celebra un gol; en fin, no voy a promover una campaña de desprestigio al fútbol, sólo diré que la justa deportiva acapara la capacidad del individuo para hacer otras actividades que se ofrezcan como un reto para el quehacer humano.

Siento simpatía por el fútbol tanto como compasión por sus hinchas, pero ante todo respeto, ya que cada quien elige la manera y la forma de su solaz y esparcimiento, si este no estuviera ensombrecido por la industria del comercio que lo promociona, desde las televisoras hasta la industria del alcohol, que al final es la principal beneficiada.

Tenemos ahora una alta tecnología, smartphones, tabletas, laptops, internet en todo momento y lugar, posibilidad de acceder a libros, revistas, películas, etc, desde la comodidad de tu hogar sólo para darles la espalda y abrazar el viejo sistema romano de Pan y Circo, pero como cantara Def Con Dos, grupo de hard core español,"Poco Pan y Pésimo Circo".

Si el fútbol no estuviera financiado por los poderes facticos, promovido por los medios cómplices del sistema, fuera apreciado desde la tolerancia y no desde la descalificación, promoviera la cultura y los valores más allá que la vana competencia que además se adereza de consumo desmedido de alcohol y fritangas, entonces, quizás entonces, podríamos hablar de otro México, pero cuando eso suceda, en el caso de que una ola de coherencia y sobriedad inundara nuestras conciencias, estoy seguro que ya nadie prestaría atención a estas actividades.





Comentarios

Orchid Tobacco dijo…
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